miércoles, 11 de mayo de 2016

La infancia de Esquiú

Don Santiago Esquiú nació en 1790 en la localidad de Monzón, del principado de Cataluña Llegó al continente americano como soldado del Regimiento Fijo de Montevideo. Durante la guerra de la Independencia integró el ejército realista, siendo tomado prisionero por Martín Miguel de Güemes. A principios de 1816 se radicó en Catamarca; meses después se casó con María de Jesús Salas y Correa, quien falleció de parto.

Luego de enviudar, Don Santiago puso sus ojos en una joven y bella mujer piedrablanqueña llamada María de las Nieves, nacida el 8 de mayo de 1802; hija de Julián Medina y de Paula Medina, parientes entre sí.

El 6 de septiembre de 1822, fray Francisco Cortez celebró el matrimonio de don Santiago Esquiú con María de las Nieves Medina. Fueron padrinos de la boda don Juan Martínez y su esposa doña Agustina Toranzos, ambos, a su vez, padrinos de bautismo de la novia.

La pareja se instaló en la casa paterna de los Medina, frente a la plaza del pueblo. Allí nacieron, en orden cronológico, María Rosa Ramona, el 20 de agosto de 1823; Mamerto de la Ascensión, el jueves 11 de mayo de 1826, a las once de la noche; Odorico Antonio, el 14 de junio de 1828; Josefa de Jesús, (fe de bautismo ilegible); Justa Pastora, el 6 de agosto de 1832 y Trinidad Antonia María, el 12 de febrero de 1936.

La fe de bautismo de Mamerto, firmada por el cura párroco Agustín Colombres, dice: “El año de mil ochocientos veinte y seis, mi ayudante fray Manuel Sanz, suplió la ceremonia del bautismo, puso óleo y crisma a Mamerto de la Ascensión, a quien en caso de necesidad bautizó fray Francisco Cortés, de edad de nueve días, hijo legítimo de Santiago Esquiú y María de las Nieves Medina” (folio 480, libro 2 de Bautismos, parroquia de San José).

Familia profundamente cristiana y laboriosa, en la casa de La Callecita todos tenían su función: las mujeres con la rueca y el telar y los hombres trabajaban la fértil tierra del extenso fondo de su casa que daba con la acequia del Rey, que circulaba entonces por donde hoy corre el canal de riego.

El 31 de octubre de 1831 empezó a vestir el hábito franciscano que su madre elaboró tomando un viejo sayal dejado por el Padre Cortés. Ingresó a la escuela de primeras letras donde la maestra Teresa Bravo enseñaba a leer, a escribir y los principios de nuestra religión.

En Piedra Blanca nacieron tres obispos y fue cuna de grandes hombres que fueron fundamentales para la provincia y para la organización de nuestro país. Cuando en un pueblo surgen muchas personalidades y personas de bien, se debe sin duda a la matriz social existente, a las virtudes de los padres y al valioso aporte de los docentes. Teresa Bravo, don Lino Maubecín, su hija María y otras nobles maestras fueron las que inculcaron en el alma de los niños de Piedra Blanca sólidos valores y deseos de superación.

Apasionado de la lectura, Mamerto iba con sus libros a la tranquila cueva del morro ubicado al costado del cementerio parroquial. Por las noches leía para su familia, luego de una larga jornada de trabajo.

Durante el siglo XIX la vía más utilizada para comunicar la ciudad de San Fernando del Valle con las demás ciudades del NOA era el camino que unía el pueblo de La Tercena con la localidad de Palo Labrado, cruzando las Sierras del Gracián.

La casa de la familia Esquiú Medina está ubicada en La Callecita, principal arteria del pueblo. Por allí circulaban los carruajes con pasajeros y los que traían y llevaban las mercancías que se comercializaban; por allí pasaban también los ejércitos que frecuentemente invadían la provincia de Catamarca y las tropas catamarqueñas que peleaban por defender la ciudad Capital.

Mamerto, siendo niño, vio pasar esos ejércitos y confiscar casi todo lo que tenían sus vecinos. Sin duda, hasta su propio padre tuvo que dar lo poco que tenía en aquellas contribuciones forzosas. Hasta sus oídos llegaron las noticias de las matanzas, los fusilamientos y los degüellos, comunes durante la triste etapa de las guerras civiles argentinas. Por ello, años después, desde el púlpito, con su fogosa palabra o con su pluma bregaría por la paz y la unidad de todos los argentinos.

El 10 de diciembre de 1834 el niño Mamerto es inscripto en la escuela de San Francisco. Con su hermano Odorico vivirá a nueve cuadras del convento, en la casa del maestro sastre Elías Núñez. El 12 de noviembre de 1862 murió este hombre que fue uno de los benefactores y protectores en la difícil infancia del Padre Esquiú quien, en su Diario de Memorias, le dedica un recuerdo emocionado.

En 1835 recibió el sacramento de la confirmación en la iglesia Matriz de Catamarca, siendo su padrino el Padre Agustín Colombres. El 21 de mayo de 1836 muere su madre, al espantarse el caballo que la transportaba cuando regresaba a su casa desde la ciudad, en el paso del Río del Valle, a la altura de la Capilla del Rosario.

Luego de la muerte de su madre ingresó al convento de San Francisco como aspirante al sacerdocio. Ese niño de diez años que caminaba triste y pensativo por las históricas galerías tenía un espíritu fuerte, una enorme confianza en Dios, y en su alma tenía la infinita caridad de las personas de bien.

Ese niño que nació enfermo y pobre en un pueblo del interior se convertiría, gracias a su perseverancia y a su gran dedicación al trabajo y al estudio, en uno de los hombres más importantes de la historia argentina durante el siglo XIX.


Prof. Mario Daniel Vera
DNI Nº 21658350
San Antonio - Fray M. Esquiú

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