domingo, 3 de octubre de 2010

Para empezar un debate serio

El mirador político
La Fundación Centro de Estudios Infectológicos (FUNCEI) difundió esta semana los resultados de una investigación que desmiente una serie de asertos difundidos con insistencia por grupos contrarios a la minería.
Luego de un trabajo de campo de tres meses en los departamentos Andalgalá, Belén y Santa María, la organización científica concluyó que no existen en la zona evidencias de contaminación como consecuencia de la actividad minera, ni es posible vincular casos de cáncer u otras patologías con ella.
Los detalles del informe desenmascaran el terrorismo informativo, que contrabandea meras especulaciones como si fueran datos incontrastables, al amparo de emotivas y apocalípticas consignas ambientalistas.
Un difundido corto publicitario del que participan actores y figuras famosas reconocidas por su compromiso social asevera, por ejemplo, que en Andalgalá la incidencia del cáncer se incrementó en un 800% -no sobra ningún cero: ochocientos por ciento- desde que se inició la explotación minera a cielo abierto.
Las conclusiones de FUNCEI en tal sentido son categóricas: los fallecidos por cáncer en Catamarca constituyen el 14,37% del total, un porcentaje mucho menor al del país, que es del 19,54%. En lo que a patologías oncológicas se refiere, Catamarca se ubica en decimonoveno lugar entre todas las provincias argentinas.
De manera que el aumento del cáncer en Andalgalá a causa de la minería es lisa y llanamente una mentira, como también lo son otras afirmaciones que se lanzan sin mayor sustento, como el nacimiento de criaturas deformes y la lluvia ácida que castiga al Oeste.
Los investigadores de FUNCEI se contactaron con grupos antimineros. Los frutos de estas entrevistas fueron plasmados en el informe. Resultan también desmitificadores.
"Existen grupos con declarada posición contraria a la actividad de la minería a cielo abierto que sostienen que el cáncer se ha incrementado en toda la zona oeste de Catamarca, pero ninguno de ellos pudo orientarnos a reconocer o visitar por lo menos algún caso de pacientes existentes o de familiares de fallecidos donde se haya encontrado la presencia de un problema oncológico con sospecha de etiología por contaminación", consignó la FUNCEI. Tampoco el personal de los hospitales y postas pudo hacerlo.
A lo que sí pudo accederse, en contrapartida, es a "un trabajo que publica la casuística del tratamiento radiante de ciertos tumores en pacientes radicados en Catamarca y La Rioja", que "no señala aumento del cáncer y, por el contrario, cita que ha bajado la incidencia en el año 2002 con respecto a los dos anteriores".
Confabulación para el silencio
No obstante, antimineros y ambientalistas entrevistados por FUNCEI sostuvieron que los datos referentes a la contaminación y el aumento del cáncer son aterradores, pero el poder los mantiene ocultos.
AC, del Hospital de Andalgalá, denunció una situación gravísima. En su testimonio expresó que "hay mayor incidencia de cáncer en Andalgalá y que los diagnósticos se hacen en centros especializados de la ciudad Capital de Catamarca, donde por expresas órdenes se oculta la información estadística para que no llegue al pueblo y no alarme".
Sin embargo, FUNCEI consigna la contradicción de que "la dirección del Servicio de Oncología está a cargo de la doctora Noemí Villagra, que pertenece al grupo antiminas", quien, "teniendo acceso a la información estadística de la ocurrencia de cáncer", mantiene silencio, no la da a conocer ni la publica, cuando esto "forma parte de su responsabilidad".
Es por lo menos curioso que los grupos antimineros no difundan las verdaderas estadísticas sobre el cáncer que supuestamente se ocultan.
El hecho de que no lo hagan importa, en primer lugar, un serio atentado a la salud de los catamarqueños. Y después, una torpeza desde el punto de vista político, ya que son evidentes los beneficios que el conocimiento público de estas estadísticas ocultas importaría para la causa ambiental.
Claro que resulta más sencillo, más cómodo y acaso más efectivo establecer sospechas sobre una gigantesca confabulación para ocultar información, que conseguir una información que por ahí no existe. En cualquier caso, podrán hacer algunas aclaraciones los responsables políticos y funcionales respectivos, ahora que los mandaron al frente.
El informe de FUNCEI obra en manos del Gobernador.
Absurdo
Otros pasajes de la investigación dan cuenta de irracionales y absurdas situaciones que se producen por el fanatismo antiminero.
El director del Hospital de Belén comentó que "la lentitud de la confección de los análisis clínicos del hospital podía resolverse con la puesta en marcha y uso de equipos automáticos" donados por la empresa Minera Alumbrera. Pero el personal de laboratorio se niega a utilizarlos porque se opone a la actividad de la firma. De tal manera, la población belicha no puede acceder a un servicio sanitario mejor por las radicalizadas posiciones de algunos que prefieren perderlos antes de admitir una donación, porque no les gusta la cara del donante. Ridículo y peligroso.
También el encargado de la asistencia médica de Hualfín expuso los perjuicios sufridos por no poder contar con la ayuda de Minera Alumbrera, "debido a conflictos generados entre la empresa y el intendente".
Pobreza
No se postula que el informe de FUNCEI sea aceptado como verdad revelada y definitiva. No existen tales verdades. Sin embargo, es la primera vez que se cuenta con un punto de partida concreto, con base científica, para establecer jerarquías en torno a la discusión minera.
La cuestión ambiental es, por cierto de importancia superlativa. Pero ello no puede llevar a un inmovilismo que le impida a Catamarca aprovechar sus recursos minerales por temor a contaminaciones que nadie ha podido hasta ahora comprobar en los niveles de peligrosidad que la antiminería esgrime.
Lo establecido por FUNCEI puede ser objeto de debate y de cuestionamiento científico. Sin embargo, alcanza por lo pronto para desmentir falacias infundadas que se expandieron con alarmismo irresponsable, en el campo abonado por la incertidumbre informativa. Muchos malos ratos se habrían economizado, incluso episodios violentos, si ésta investigación se hubiera realizado antes. El Gobierno y las empresas mineras son responsables de esto.
Junto a los resultados del estudio, el mismo día, se publicaron las cifras de la pobreza. En Catamarca, creció un 3,7% en el primer semestre del año con respecto al mismo período del año anterior, a contramano de la tendencia nacional, donde el índice retrocedió del 13,9 al 12%.
Tiene la provincia un 20,9% de pobres y está cuarta en el oprobioso ranking nacional de la miseria, sólo superada por Corrientes, Resistencia y Posadas.
FUNCEI no encontró evidencias de contaminación ni de vínculos entre minería y enfermedades, pero detectó patologías endémicas propias de la pobreza y el subdesarrollo, como el Chagas o la Brucelosis.
Después de que se publicaran las estadísticas de la pobreza, el gobernador Eduardo Brizuela del Moral dijo que "Catamarca ha sido siempre re-pobre".
No es cierto. Catamarca es rica: rica en recursos minerales, rica en potencial turístico y agroindustrial, rica en instrumentos promocionales, últimamente rica en ingresos fiscales. La Provincia no es pobre; pobre es su población.
El informe de FUNCEI constituye un factor fuerte para encarrilar la discusión minera. Durante años se han estado debatiendo los peligros ambientales, mientras los ingresos de la minería se dilapidaban. Y ahí sigue la pobreza campeando por sus fueros, imbatible.
La importancia del estudio científico no radica tanto en sus conclusiones ambientales. Articulado con los índices de la pobreza, cobran relevancia mayor los interrogantes que plantea.
¿No habría que discutir cómo se traduce la riqueza minera en prosperidad para los catamarqueños?
Quizás sea más provechoso abordar de una vez por todas las circunstancias concretas, en lugar de gastar energías combatiendo lo que no existe.
El estudio científico constituye un factor fuerte para encarrilar la discusión minera. Durante años se han estado debatiendo los peligros ambientales, mientras los ingresos de la minería se dilapidaban y la pobreza crecía.

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