En una nueva señal dirigida a los mercados internacionales, el Gobierno argentino aprobó otros dos desarrollos mineros bajo el paraguas del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), profundizando una estrategia orientada a reposicionar al país como destino prioritario para el capital extractivo global. Las iniciativas —una ampliación en el histórico yacimiento Veladero y el desarrollo del proyecto Diablillos— comprometen desembolsos por USD 1.140 millones y refuerzan el peso del oro y la plata en la matriz exportadora.
La expansión de Veladero, en la provincia de San Juan, implicará una inversión de USD 380 millones para optimizar infraestructura y extender la vida útil del yacimiento. En paralelo, el proyecto Diablillos, ubicado entre Salta y Catamarca, demandará USD 760 millones para su puesta en marcha como nuevo complejo de extracción aurífera y argentífera. Según estimaciones oficiales, ambos emprendimientos podrían generar más de 2.300 empleos directos e indirectos y exportaciones anuales cercanas a USD 750 millones.
UN ESQUEMA DE INCENTIVOS QUE RECONFIGURA EL MAPA DE INVERSIONES
El anuncio fue realizado por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien destacó que el RIGI ya acumula doce proyectos aprobados con compromisos de inversión que superan los USD 26.000 millones. El régimen, diseñado para atraer capitales de gran escala, ofrece estabilidad fiscal por 30 años, reducción del Impuesto a las Ganancias al 25%, exenciones arancelarias y acceso a arbitraje internacional.
El instrumento se ha convertido en el eje de la política de promoción productiva del presidente Javier Milei, quien sostiene que la previsibilidad jurídica es condición indispensable para revertir años de volatilidad macroeconómica. La reciente prórroga del programa hasta julio de 2027 amplió además su alcance al upstream petrolero y gasífero, consolidando una agenda que combina minería metalífera, energía e infraestructura estratégica.
LITIO, COBRE Y ORO: EL NUEVO TRIÁNGULO DE CRECIMIENTO
La aprobación de Veladero y Diablillos se suma a otros proyectos mineros ya admitidos bajo el régimen, entre ellos la expansión de Rincón de Litio por parte de Rio Tinto, el desarrollo cuprífero de Los Azules en San Juan y el avance de Hombre Muerto Oeste en Catamarca. En conjunto, estas iniciativas perfilan un corredor extractivo que abarca desde la cordillera sanjuanina hasta la Puna salteña y catamarqueña.
Especialistas del sector observan que, en un contexto de transición energética global y demanda sostenida de minerales críticos, Argentina intenta capitalizar su potencial geológico con un marco regulatorio más competitivo frente a Chile y Perú. Sin embargo, el éxito de esta estrategia dependerá no sólo de la estabilidad macroeconómica sino también de la capacidad de las provincias para gestionar licencias sociales, infraestructura logística y estándares ambientales.
Con el RIGI como columna vertebral, el Gobierno apuesta a que la minería y la energía se conviertan en motores estructurales de divisas y empleo en la próxima década. El desafío será transformar promesas de inversión en producción efectiva, en un país donde la historia económica ha estado marcada por ciclos abruptos y oportunidades intermitentes.

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